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Noticia Ampliada

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Si le interesa la Musicoterapia

Lo que se entiende convencionalmente como musicoterapia arrastra, en su práctica y en su concepción terapéutica,  una situación de dependencia inicialmente de la medicina y, en las últimas tres décadas, también de la psicología.

Las consecuencias en la formación han sido y son devastadoras para la disciplina la función del musicoterapeuta y, principalmente, para la atención de los pacientes.

Para la disciplina porque, salvo la de maimónides, todas las carreras de musicoterapia dependen de facultades de medicina o psicología y, por lo tanto con una ubicación evidentemente secundaria.

Para los musicoterapeutas porque en las materias con que se forman brillan por su ausencia aquellos contenidos  que podrían colocarlos en situación de competencia con los medicos o los psicólogos (diagnóstico, dirección de la cura, autonomía en el ejercicio, recepción de la consulta espontánea, atención individual, equipos de musicoterapia, consultorio particular, entre muchos otros).

Para el paciente porque, obviamente con una formación como ésta, el musicoterapeuta se encuentra ignorante de como abordar y analizar su problemática, sometiendolo entonces a dudosos protocolos que buscan normatizar y estandarizar síntomas e intervenciones al margen de la singularidad y subjetividad con que la persona que consulta manifiesta y percibe su padecimiento.

Como si esto fuera poco, encontramos en la génesis misma de la musicoterapia 3 confusiones básicas

La primera generada por sus propios creadores que aprovecharon la condición lúdica, popular, atractiva de la música, para atribuirle a ella, y a lo que sucede en su entorno, efectos curativos .

Es decir que le dieron a nuestra herramienta la condición mágica de curar en sí misma (que pasaría si se hace lo mismo con un bisturí o un torno)

Derivada de esta situación también equipararon el bienestar y gratificación que produce hacer o escuhar música, con la curación (o sea que con esta posición el dolor o malestar que habitualmente se produce en cualquier tratamiento, no conduciría a la cura)

Por último, y en un intento de estos musicoterapeutas convencionales por  dar sentido a sus intervenciones invasivas,  reemplazaron los ignorados objetivos terapéuticos, que todo trabajador de la salud debe tener en primer plano, por los de la educación ( de aprendizaje) y el arte (estéticos).

Por todo esto es que cuando alguien observa a un musicoterapeuta realizando un mal taller de música, desatendiendo la singularidad de pacientes en un grupo, funcionado como un animador de fiestas, obligando al paciente a cumplir consignas sin sentido, es que no puede ni debe jerarquizar su acción como si esto fuera la musicoterapia.

Hay una nueva historia, un nuevo paradigma para nuestra discipliina basado en la consideración del otro como sujeto de deseo y derecho

También en el anáilisis de los modos relacionales del paciente y su relación con la problemática por la que consulta

En la posibilidad que sea el paciente quien, desde su iniciativa, le atribuye lo que desea a los instrumentos relacionales

Que pueda ser protagonista principal en el proceso de cura y no un observador sometido a cumplir reglas cognitivo-conductuales.

Otra musicoterapia es posible y la estamos construyendo en el centro de Musicoterapia Cclínica, la Asociación Musicoterapeutas Argentinos y la Carrera de Licenciatura en Musicoterapia de la Universidad Maimónides

Lic. Rubén Gallardo

2020