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Noticia Ampliada

CONOCIENDO NUESTRA SALUD 13 y 14 de Setiembre de 10 a 20 Actividad libre y gratuita – Universidad Maimónides

Carrera de Licenciatura en Musicoterapia

Dirección: Lic. Rubén Gallardo

                    CONOCIENDO NUESTRA MANERA DE RELACIONARNOS

LOS NIÑOS, SUS PADRES Y ABUELOS PUEDEN VENIR A JUGAR EN MAIMÓNIDES

 El juego que se desarrolla en lugares adecuados posibilita al niño, además de la competencia, el entretenimiento o la destreza, la  expresión de su mundo interior y la oportunidad de compartirlo con los otros.

La oferta de un  espacio  con estas características debe ser correspondida necesariamente, por  parte  del   adulto,  con  una  actitud de permisividad y contención, de observación atenta y disponibilidad, de cuidado y valoración de la producción del niño. Es  en  este  contexto  que  la calidad  y cantidad del trabajo de jugar estará sustentando las mayores esperanzas de desarrollo de sus principales protagonistas: Los Niños

La cantidad de espacios que condicionan,  modelan, obligan, reglamentan, ordenan, etc., etc. la  actividad  motriz  espontánea, hace que el juego  pierda  uno  de sus elementos mas preciados: el  de ser una vía para la expresión de su mundo interior  y medio de interpelación con los objetos y los otros.

Se pierde porque, en la necesidad de contención que tiene el niño, el adulto encuentra el espacio propicio para desplegar su deseo de dominación. La  iniciativa  dejada al niño es una condición indispensable para que éste pueda, gradualmente, ganar confianza en sus propuestas  y manifestaciones. ya que  su  habitual  posición  de dependencia frente al adulto conspira, inicialmente, contra esta posibilidad.

Otro  aspecto  a tomar en cuenta es  el  del   elemento consumista  promovido  a través de los medios de difusión masiva y de los espacios comunitarios en donde se manifiesta. Así como al principio planteamos el juego espontáneo como  gradual ganancia de confianza, en este caso el niño debe hacer un esfuerzo para  sobreponerse  al  bombardeo  de propuestas tentadoras que le impiden determinar a qué quiere jugar realmente.

El espacio para consumir no es el mismo que el espacio para  jugar y el tiempo para consumir no es el mismo que el tiempo para jugar, ambos deben diferenciarse y valorarse en su justa medida.

El  adulto vive el juego, en general, como algo que  pertenece  al mundo infantil  y  al que, con  el  crecimiento, es   conveniente  abandonar o transformar  en  modos  de  producción mas adecuados a las demandas de la sociedad. Esto, que en un sentido es aceptable, se produce porque jugar  es una forma de exponerse ante el otro; un mostrarse de una manera menos defendida que puede permitirle a ese  otro poseer el control  de  la  relación.  Los  niños le temen menos a esta situación y se expresan, por tanto, con más soltura.

Cuando el trabajo pierde su carácter  lúdico  el  adulto  deja  de jugar  y  todo se vuelve previsible y ajeno. son los niños, muchas veces, los encargados de reclamarle, por medio de sus demandas, un cambio de posición.

El adulto para poder jugar  en  otro  sentido  debe  producir  una desalienación   de   su   cuerpo   del  personaje  social  al  que habitualmente se halla sometido.  lo  mismo  sucede  a  nivel  del lenguaje   donde  las  palabras  expresan  solo  el  campo  de  lo intelectualizado pero dicen poco del contenido afectivo.

Es en la relación de juego con los niños donde se manifiestan  mas sus  dificultades no pudiendo al principio esperar la iniciativa de aquellos ni adecuar sus  intervenciones  de  manera  de  no  invadir  con  sus propios deseos el centro de la escena. El  temor  a  perder  este “personaje social”, a veces logrado con muchos sacrificios, hace que la tarea de jugar sea el resultado de un despojarse progresivamente de este “ropaje” para  permitir  una relación mas de “persona a persona”. Ambos, personaje y persona, pueden y deben encontrar sus espacios de expresión y evolución sin excluirse, para posibilitar un juego mas auténtico.                                                                       

 EL JUEGO EN LA PROMOCION DE LA SALUD

 Si  consideramos  en el ser humano la  existencia  de factores constitutivos que nos inducen a la autoconservación,  a  la  actividad  gregaria,  a  la reproducción  y, por  úiltimo, a la desintegración, podemos inferir que sus representaciones en el plano psíquico aparecen expresadas, en lo manifiesto, como modos relacionales ligados a la sexualidad, el poder, la agresión, la  contención, el amor, la dominación,  la fusión o la identidad, etc.

El  niño,  mas  directamente,  y el adulto, con  mas desconfianza, encuentran en los espacios de juego  un  escenario  posible  donde dramatizar  estos  modos relacionales, visualizarlos, mostrarlos y también registrar los de los otros. Para esta tarea se cuenta, además, con un elemento  esencial:  los objetos.  La  importancia  de los objetos reside en que pueden ser investidos, manipulados, transformados, etc.  y,  de esta  manera, quedar  disponibles  para  los deseos y necesidades de quienes los utilicen. Otra característica,  también  conocida,  es  la  de  servir  como intermediarios   de  la  relación  y  facilitadores  del  contacto corporal con los otros.

Suele  suceder  que  sea necesario re-conocer a quienes están mas cerca. En el juego entre  abuelos, padres  e  hijos  es habitual que suceda esto aunque no son muchas las oportunidades en que se pueda realizar esta recreación.

            La creación de espacios de juego comunitarios  puede  contribuir entonces, a través de acciones concretas y posibles, a  mejorar  las condiciones  de  vida  de  la población, desarrollando modalidades relacionales más saludables.

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