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Noticia Ampliada

EL MUSICOTER@PEUTA ESTUDIANTIL Nº1

Entrevista al Lic. Rubén Gallardo

SUPLEMENTO “El Musicoter@peuta Estudiantil”

  1. 1.    COMO SURGE LA ESCUELA DE MUSICOTERAPIA CLÍNICA?

 Los antecedentes más lejanos se encuentran en los primeros intentos realizados por un puñado de estudiantes de Musicoterapia en el año 1975 cuando, aún antes de recibirnos, decidimos por nuestra cuenta ofrecernos para trabajar ad honorem en el Centro de Salud Mental Nº 2 de la calle Humberto Primo en San Telmo.

Esta iniciativa surgió ya de la inquietud que nos producía saber que los contenidos del Plan de Estudios de la Carrera no incluían nada de lo específicamente musicoterapéutico que, aún sin saberlo claramente, intuíamos que no se estaba incluyendo en las clases que recibíamos.

Argumentos de los docentes asegurando que dichos interrogantes se iban a responder una vez que nos graduemos nos producían mayor desconfianza ya que, al realizar algunas pequeñas prácticas, nos encontramos que la realidad era otra: No estábamos preparados para ejercer nuestra función y todos los recursos y técnicas aprendidos no eran pertinentes para ser utilizados en el campo de la salud.

Llegada un año después la dictadura, esta iniciativa de desarrollar una práctica clínica específica para la Musicoterapia encontró un nuevo espacio (también ad honorem) en el Centro de Salud Mental Nº 1 donde me incorporo al equipo diezmado del Hospital de Día ( en el que también ya participaba la Lic. Clara Vicchi, por aquel entonces Coordinadora de la Escuela de Expresión Corporal de la cual yo también participaba) desde donde instalo la primer inserción seria de la Musicoterapia en el ámbito público (ya había habido otras incursiones pero siempre confundidas con lo artístico, lo pedagógico o lo recreativo y, especialmente, subordinadas a la medicina).

Unos años después, para mediados de la década de los ´80 y ya como Presidente de la Asociación de Musicoterapeutas Universitarios de la Argentina (AMURA), gracias a los conceptos extraídos y extrapolados desde autores como Freud, Laing, Cooper, Lacan, Pichon Rivière, Mannoni, Goldemberg, Ander Egg, Bateson, Bion, Ey, Freyre, Horstein, Aulagnier, Mannoni, Reich, Samaja, Winnicott  y, muy especialmente, de André Lapierre, el entendimiento sobre el quehacer y la función de un Musicoterapeuta comienzan a aclararse.

A pesar de las poquísimas referencias que hizo André Lapierre en cuanto al sonido, la voz, la música y los instrumentos musicales, en ellas se encontraba ya, desde mi punto de vista, el germen que la Musicoterapia y los Musicoterapeutas no habíamos hallado en todas las décadas anteriores.

Su singular forma de jerarquizar todas las manifestaciones de un sujeto y sus modalidades relacionales más allá de lo expresado verbalmente, nos puso en el camino adecuado para visualizar desde la Musicoterapia, un entendimiento profundo de lo que sucedía en el ámbito de lo que después denominé: Escenario Acústico-Relacional.

Para arribar a estos logros participé en 10 de los Cursos Intensivos que André realizó en Buenos Aires en los cuales vivencié personalmente, en grupos de 40 integrantes, la manera de conceptualizar experiencias que no hacen del discurso verbal su centro de atención entre las cuales ubiqué a nuestro accionar como Musicoterapeutas.

Haber contribuído, desde AMURA y en conjunto con otras Organizaciones, a desarrollar la formación en Psicomotricidad Relacional en Argentina, significó también otra fuente de conocimientos que, luego de unos años de trabajo de conceptualización, adecuación y verificación en la práctica clínica,  terminaron de completar la orientación que actualmente constituye nuestro posicionamiento.

 

A fines de 1980 todo ese bagaje incorporado ya formaba parte mi práctica cotidiana, pero no se traducía de manera eficaz en la transmisión y en el diseño y constitución de organizaciones que permitieran una instalación de estos conceptos en el imaginario social.

Es a partir de allí, y con los aportes determinantes de Peter Drucker expresados en su libro “Dirección de Instituciones sin fines de lucro”, que comienza otro largo camino con la creación de “ARTE.SANO” Prevención, asistencia y Rehabilitación en Salud Mental (nótese aún la influencia y dificultad para abandonar definitivamente lo estético del marco de la Musicoterapia) en la que, más allá de las contradicciones, ya existía una estructura incipiente que, lentamente, dio lugar a definir una misión, los destinatarios a quienes iban dirigidas las acciones y los espacios en donde llevarlas a cabo. 

Luego de realizar intensas experiencias en Hospital de Día para adultos y participar en la creación de “La Cigarra” Hospital de Día Infantil, creo también el así denominado tímidamente “Equipo de Terapias Expresivas” en el Centro Nº 1

La siguiente década, la de los ´90, se caracterizó por los variados intentos de transmisión, y confrontación de todo lo desarrollado, con profesionales de la salud en diversos escenarios nacionales e internacionales:

  • Premio “Investigación de la eficacia del dispositivo Hospital de Día”
  • 2º Encontro Latinoamericano de Musicoterapia
  • X Simposio Brasileiro de Musicoterapia. Encontro Nacional de Pesquisa.
  • Primer Congreso y Tercer Encuentro Latinoamericanos de Musicoterapia

También fueron los años de producción bibliográfica (Musicoterapia y Salud Mental), de organización de Eventos Científicos (Simposio y Conferencia Argentinos de Musicoterapia Clínica) y de acceso a la Universidad Kennedy y a las Carreras del Salvador y de la UBA, en esta última no solo como Profesor Titular sino como Coordinador Académico y gestor de un proyecto de modificación de su Plan de Estudios que fue el precursor del instalado varios años después en la actual Carrera de Musicoterapia de la Universidad Maimónides.

Otro paso importante significó la apertura del Estudio de Musicoterapia Clínica en 1999 cuyas siglas coinciden con las de la denominación de la Escuela motivo de esta historización.

Finalizando los ´90 y comenzando el nuevo siglo aparecen las Concurrencias de Musicoterapia y con ellas la consolidación del Equipo de Musicoterapia del Centro 1, la formación de los primeros Musicoterapeutas con un posicionamiento acorde a la conceptualización mencionada y la posibilidad de ampliar las expectativas lanzando el proyecto antecesor más cercano de la Escuela, que se denominó PROMUSICOTERAPIA, organización a través de la cual encaramos por primera vez la tarea de articular la clínica con los aspectos legales del ejercicio profesional y la perspectiva de generar un nuevo y revolucionario espacio de formación.

Las experiencias realizadas en el Centro de Rehabilitación de Operados de Laringe, el Centro Psicoasistencial Dr. Rolla, el Centro de Salud Mental de La Habana, el Hospital de Día organizado en el Instituto Argentino de Neurociencias,  la Publicación de la Revista electrónica El Musicoter@peuta y del libro Teoría General de la Musicoterapia, el desarrollo del espacio “Los Niños y sus Papás pueden venir a jugar al Centro” de Promoción de la Salud Mental, la constitución de la Asociación Musicoterapeutas Argentinos, la  fundación de la Asociación Argentina de Salud Mental, la creación del Centro de Musicoterapia Clínica y la apertura de la nueva Carrera de Licenciatura en Musicoterapia en la Universidad Maimónides, son los hechos más contemporáneos que han contribuído a la creación y consolidación de la Escuela de Musicoterapia Clínica que comienza, efectivamente, el día 9 de marzo de 2011.

La participación de un grupo excepcional de Profesionales que consolidó el primer núcleo de la organización, fue el factor fundamental para que un proyecto pasara, de ser un emprendimiento personal/profesional, a constituirse en la construcción colectiva de otra Historia para la Musicoterapia y una nueva  Cultura Profesional para los Musicoterapeutas.

EL MUSICOTERAPEUTA ESTUDIANTIL SE DISTRIBUYE GRATUITAMENTE Y PUEDE SER RETIRADO EN HIDALGO 775 2º PISO DE LUNES A VIERNES DE 17 A 20