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Noticia Ampliada

PSIQUISMO – JEAN-PIERRE BRUNEAU

Desde que nace, el niño es introducido en el lenguaje (palabras y modos relacionales), que le otorga una consistencia, una definición, cierta identidad, una imagen de sí mismo; todo eso al precio de una dependencia irremediable respecto de quienes le hayan dado esa primera consistencia a través de un nombre, caricias, biberones, cambios, (cantos), aprendizaje de la marcha, etc. aprendizajes absolutamente específicos de cada niño, cada familia, cada cultura. El individuo se constituye, por lo tanto, con la ayuda de palabras (y modos relacionales), que llamaremos significantes, de palabras (y modalidades fantasmáticas de relación) provistas para él de un sentido generalmente diferente para otros. La autora María Cardinal titula su libro “Las palabras para decirlo”: el conocimiento de la causa de un sufrimiento no permite que uno se libere de él o que se cure. Lo curativo, es el descubrimiento, por el individuo mismo, de los significantes que determinan su sufrimiento, duro ejercicio, a veces, el de encontrar las palabras (y los modos relacionales adecuados) para decirlo, aún cuando se tenga la impresión de saber muy bien por qué se sufre o por qué se realiza tal o cual acto. De manera que no cabe ninguna generalización. Tomemos una imagen. Usted puede disponer de un juego de llaves muy completo que le ha prestado su vecino y no poder abrir ninguna de sus propias puertas. Se quedará ante la puerta de su casa, exiliado de sí mismo, por haber creído que una llave era intercambiable con otra. Lo mismo le sucede al lector de un libro que buscara en él la interpretación de sus sueños o de sus síntomas. La misma desilusión incluso para un terapeuta aún cuando haya seguido múltiples cursos de formación sobre los síntomas de los otros. Usted puede también intentar hundir la puerta, recibir un doloroso golpe en el hombro y descubrir dos segundos más tarde que la llave estaba en el fondo de su bolso: la buscaba en su bolsillo porque “es más lógico” y porque habitualmente la pone ahí. También puede atribuir a otro la responsabilidad de su pérdida porque supuestamente habría desordenado sus asuntos. ¿Qué buscas? – dice uno que pasa Mi juego de llaves – responde el hombre inquieto ¿Dónde lo perdiste? ¡Allá! (señalando con la mano) ¿Entonces por qué lo buscas aquí? Porque aquí hay un farol

JEAN-PIERRE BRUNEAU