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Suplemento Salud Diario La Prensa – Abril de 2008 ¿Sonidos que curan?

 SUPLEMENTO SALUD                                               DIARIO LA PRENSA  Abril de 2008

Sonidos que curan?

La música, la voz, los instrumentos musicales y todas las formas rítmicas y sonoras, al ser utilizadas como herramientas de un musicoterapeuta, pueden ser de gran utilidad para abordar y obtener mejorías en pacientes con trastornos psíquicos, intelectuales, neurológicos, sensoriales y motrices de distinto origen. La musicoterapia también puede servir para prevenir ciertas enfermedades.

 Si bien la musicoterapia es en la actualidad utilizada en todo el mundo, aún muchas personas desconocen de qué se trata y para qué sirve. Con el objetivo de saber más sobre este tipo de terapia, La Prensaentrevistó al licenciado en musicoterapia Rubén Gallardo, presidente de la Asociaciónde Musicoterapeutas de Argentina (AMdAR) y director de la carrera de licenciatura en Musicoterapia de la Universidad Maimónides.

“La musicoterapia es una disciplina de las ciencias de la salud, que utiliza como herramientas básicas la música, el sonido, la voz y los instrumentos musicales para realizar la observación, el entendimiento, el diagnóstico y las estrategias de intervención terapéutica en personas con distintas problemáticas físicas y emocionales”, explicó Gallardo.
En ese sentido, el especialista aclaró que a través de esas herramientas, y las atribuciones que le son depositadas, “pacientes que presentan distinto tipo de patologías pueden poner en juego sus capacidades para conocerlas y enfrentarlas”. Este es justamente uno de los principales beneficios de la musicoterapia.
Respecto a los casos en que se puede aplicar esta disciplina, señaló que “el tratamiento de musicoterapia no consiste en una “aplicación”, sino en todo un proceso terapéutico que comprende el motivo de consulta, el examen clínico musicoterapeutico, el diagnóstico, la apertura de la Historia Clínica, las estrategias y la dirección de la cura, los métodos de evaluación de resultados, los criterios de alta, etcétera”.
Asimismo, especificó que “niños, adolescentes, adultos y adultos mayores reciben actualmente musicoterapia para trastornos psíquicos, intelectuales, neurológicos, sensoriales y motrices de distinto origen”, al tiempo que hizo hincapié en que “se obtienen muy buenos resultados en el campo de la salud mental, en todas sus variables”.

EN EL MUNDO
Actualmente los musicoterapeutas son requeridos en hospitales, clínicas, centros de salud, escuelas especiales y geriátricos, afirmó Gallardo, quien también comentó que la función de musicoterapeuta se encuentra incorporada a la carrera profesional hospitalaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y que la Ley de Ejercicio Profesional está promulgada en distintas provincias, como Buenos Aires, Neuquén, y Chaco, entre otras. Además, confirmó que esta disciplina tiene mucha difusión tanto en Europa como en Estados Unidos y en Latinoamérica.
A diferencia de lo que algunos podrían sospechar, la eficacia de la musicoterapia no varía según el instrumento que se utilice. Al respecto, el profesional destacó que “el instrumento es una herramienta que no tiene un valor preadjudicado en sí mismo, sino que la eficacia del instrumento en el tratamiento depende exclusivamente de las investiduras (afectos, atribuciones) que el paciente construye en la relación con él y, a través de él, con el musicoterapeuta, que cuenta con la disponibilidad necesaria para promover que ello suceda”.
Por el mismo motivo, la terapia con música tampoco depende de un género musical en particular (música clásica, rock, pop, etcétera). “La música como herramienta -indicó- tampoco puede tener un valor preestablecido y/o tomada en forma general; cada sujeto en su singularidad le adjudicará la importancia y la utilidad que necesite implementarle”.
Sobre esta cuestión, el profesional consideró necesario advertir: “La idea bastante difundida de músicas que producen tales o cuales “efectos” tiene para el imaginario social un carácter casi mágico, pero esos mismos preconceptos en manos de profesionales inescrupulosos pueden convertirse en manipulaciones y abusos de poder”.

RESULTADOS
Al hablar sobre el tiempo que debe transcurrir antes de poder evidenciar los resultados de este tipo de terapia, Gallardo manifestó: “Todo proceso en musicoterapia, como en cualquier otra disciplina de la salud, no puede garantizarse ni en cuanto a su eficacia de curación ni al tiempo que requerirá para que el tratamiento sea efectivo. Se puede decir sí que las especiales características de las herramientas que se utilizan (la acción y el contacto con los instrumentos, el lenguaje analógico de la música, la expansión de los sonidos y los intercambios aéreos de la voz entre el interior y el exterior del cuerpo) les confieren una versatilidad muy amplia de uso y significación”.
Y aunque los testimonios muestran que sus resultados son en definitiva comprobables, parece haber existido cierta reticencia por parte del resto de los profesionales de la medicina para tomar la musicoterapia como una disciplina seria. Esto, según opinó el presidente de la AMdAR, se debe a que la hegemonía de la medicina y la psicología sobre el campo de la salud aún sigue siendo muy fuerte “a pesar que disciplinas como la musicoterapia, la terapia ocupacional, la nutrición, la enfermería, la psicopedagogía y muchas otras, lentamente van ocupando el espacio que se merecen, diferenciándose cada vez más de las autodenominadas “medicinas alternativas”, saliendo del rol que aquellos les adjudicaron como “auxiliares” y ampliando y profundizando la conceptualización de sus prácticas clínicas”.
Otra de las bondades de la musicoterapia es que puede ser abordada tanto de manera individual (musicoterapeuta-paciente), como en grupos. “Ambas modalidades de abordaje son posibles de acuerdo siempre con las necesidades que el diagnóstico plantee como indicación adecuada -señaló el especialista- En el caso de ser un grupo, este no debe estar conformado de antemano sino que el propio musicoterapeuta debe establecer los criterios para su constitución, las derivaciones, el tipo de pacientes, la cantidad, los diagnósticos… elementos indispensables para lograr un proceso terapéutico que apunte a la curación de cada uno de ellos y que no esté solamente centrado en la dinámica grupal”.
Además, puso de manifiesto que, por otro lado, “habría que agregar a estas modalidades la necesidad (para distintas situaciones, edades y patologías) de incluir en este proceso a la familia y otros miembros del contexto social y laboral para entender al sujeto desde una perspectiva comunitaria”.

UNA SESION TIPICA
Al describir el modo en que se desarrolla habitualmente una sesión de musicoterapia, Gallardo subrayó ésta sólo se diferencia de otros tratamientos por la singularidad de sus herramientas.
“No consiste ni en ejercicios ni actividades a realizar, sino que -pongamos el caso de un niño con un trastorno generalizado de su desarrollo- ofrecemos un espacio y sus objetos para que el paciente los configure como quiera o pueda, es decir, que se pueda apropiar de todas esas cosas; en este caso puede ser que, al principio, sea solo para explorarlas y, básicamente, indagar si nuestra respuesta va ser permisiva o sancionadora de sus actitudes”, precisó.
En ese sentido, Gallardo enfatizó que “en este “juego” el musicoterapeuta debe operar con mucho cuidado para no anteponer sus deseos, temores o prejuicios y poder acompañarlo en la tarea de expresar su problemática y aceptar nuestra ayuda”.
“Por eso, nuestra metodología de trabajo -prosiguió- evita las habituales acciones estimuladoras o experimentales o invasivas y toma en cuenta que con cada intervención se van a poner en escena algunos “fantasmas” del paciente (que no son otra cosa que sus modalidades relacionales) y también los del musicoterapeuta que, por esta razón, debe haber realizado una formación muy intensa de autoconocimiento, reflexión, conciencia y dominio de estos aspectos personales antes de abordar la práctica clínica directa”.

Para terminar, el profesional citó unas líneas del libro de su autoría, “Teoría General dela Musicoterapia”, en las que resume el verdadero significado de esta disciplina tan especial: “Hacer musicoterapia es utilizar el sonido, la música, la voz, los instrumentos musicales y todas las formas rítmicas y sonoras, manifestadas y/o percibidas a través del cuerpo, los objetos y los medios analógicos y digitales de producción, reproducción, edición y comunicación, como herramientas del musicoterapeuta, investidas y resignificadas por cada paciente y con el objetivo de brindar recursos para prevenir la enfermedad, diagnosticar y emprender la curación cuando ya esté instalada o implementar la rehabilitación frente a las secuelas producidas”.

Lic. Rubén Gallardo

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